Ansiedad

La ansiedad

La ansiedad

La ansiedad es una conducta adaptativa. Cuando la experimentamos, nuestro cuerpo se prepara para sufrir el mínimo daño ante un posible ataque. Sin embargo, cuando esta ansiedad se encuentra presente demasiado a menudo en nuestra vida y se generaliza a muchas situaciones, termina por convertirse en desadaptativa: es la ansiedad patológica.

El principal problema de los trastornos de ansiedad radica en la percepción de una amenaza que suele ser irreal o, al menos, no inminente.

Pongamos un par de ejemplos. Posiblemente recordaremos el caso de aquellas personas que viven siempre preocupadas, ven un problema en todo y se sienten desbordadas (trastorno de ansiedad generalizada); o bien el de aquellas que sufren un gran malestar al relacionarse con los demás, evitando hacerlo siempre que pueden (fobia social)

Ambos casos ponen de manifiesto uno de los aspectos centrales de la ansiedad: el percibir el mundo como hostil y amenazante, así como la sensación de falta de control y de recursos personales para afrontar las dificultades.

 
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El TOC: ¿un gasto de tiempo innecesario?

El TOC: ¿un gasto de tiempo innecesario?El trastorno obsesivo-compulsivo es uno de los problemas psicológicos más incapacitantes que se conocen. En los casos más graves, las personas que lo sufren pueden dedicar casi todo el día a realizar innumerables rituales que los demás no parecen comprender.

En primer lugar, estas personas experimentan una o más obsesiones, pensamientos intrusos que se cuelan en sus mentes y que son muy difíciles de eliminar. Para tratar de hacerlo, o al menos reducir el malestar que les suponen, ponen en marcha las llamadas compulsiones, las cuales llegan a ser de lo más variadas.

Así, por ejemplo, una persona puede sentir un gran temor a estar contaminada tras haber dado la mano a alguien (obsesión), por lo que al llegar a casa se lava las manos decenas de veces hasta conseguir quedar “limpio” (compulsión).

Las obsesiones más comunes son las de limpieza (¿estoy contaminado?), comprobación (¿he cerrado el gas?), repetición (si no repito estos números algo malo pasará, y será mi culpa) y acumulación (mejor no tirar nada porque podría servirme en el futuro).

Lo peor de todo es que las compulsiones nunca acaban por tranquilizar del todo a la persona, de forma que esta termina sumida en una preocupación que parece no tener fin.


 
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